Así trabaja nuestra escuela.

La música es el pretexto y la herramienta fundamental para impulsar procesos de desarrollo integral en niños y jóvenes: aporta a la cohesión social, fortalece el talento innato, le da un buen uso al tiempo libre y además propicia espacios creativos para el desarrollo de numerosas habilidades necesarias en la  vida futura del estudiante. 

La música como instrumento de trabajo individual y colectivo desarrolla las competencias del ser humano. Cuando el niño o el joven conocen el mundo musical, se sorprenden con la magia en la que se ven envueltos. Con el tiempo, este primer contacto desencadena en ellos una serie de satisfacciones artísticas y personales que los llevan a desarrollar sus aptitudes y actitudes, abriendo la posibilidad de que se conviertan en individuos dispuestos a apoyar una construcción plural del bien común y de asumir un proyecto social que hace posible la convivencia.  

Quienes ingresan a la Escuela pueden convertirse en profesionales de la música, para la muestra están los 19 jóvenes que iniciaron con el proyecto y que hoy están haciendo carrera universitaria en diferentes instituciones de educación superior profesionalizándose en la práctica musical.

La educación es un derecho universal y fundamental, y el fortalecimiento de las prácticas artísticas se constituye en un factor que afianza el derecho a la diferencia cultural, en tanto entendamos la cultura como ámbito de construcción de sentido atravesado por diferencias que precisan expresión y diálogo. 

Las prácticas artísticas construyen comunidad, bien sea por la socialización de los significados con los cuales se representan, identifican y cohesionan los diversos grupos, etnias y géneros, o porque satisfacen y hacen visibles los deseos, emociones e imaginarios del colectivo. Forman comunidad también porque convocan y configuran colectivos y asociaciones en torno a sus propuestas, y porque muchos proyectos artísticos contemporáneos encaminan sus objetivos al trabajo comunitario. 

Para cumplir los propósitos tanto artísticos como de formación integral, la Escuela de Música Desepaz cuenta con una metodología incluyente y participativa, que desarrolla unos programas formativos proyectados a once años estudiantiles estructurados en cuatro años de iniciación, cuatro más de nivel medio y tres de nivel superior, todos con empalme de su bachillerato académico regular.  

Para la elaboración de estos planes de estudio se hizo un trabajo de seguimiento, investigación y realimentación a través de la conciencia reflexiva; se generaron programas de área individuales, enfocados en un desarrollo aptitudinal de primer nivel, logrando alcanzar las calidades necesarias en la formación musical requerida para apuntar al ingreso de nuestros estudiantes en diferentes ámbitos de profesionalización musical.

Esta búsqueda constante, sumada a la experiencia e investigación, ha llevado a que la Escuela cuente con un programa piloto de formación musical que ha sido replicado en diferentes instituciones y programas de formación musical.